LA PLENA FELICIDAD

Tratar de conseguir la plena felicidad, es a todas luces una utopía. Podemos aspirar a momentos de felicidad, pero hay que aceptar que tan solo son momentos. Sobre todo, sabemos que todo a lo que podemos aspirar, es a un estado de bienestar más o menos efímero.

Darnos cuenta de que no debemos aferrarnos demasiado a lo que tenemos, facilitara la adaptación al cambio. Cuando somos conscientes de la no-permanencia y de continuo fluir de las cosas, en todo momento, es cuando más cerca estamos de vivirlas con plenitud.

Sin embargo, encontramos algo que suple esta carencia de felicidad continuada, cambiando la forma de ver las cosas.

Si somos capaces de saber renunciar interiormente, a un estado de bienestar continuado y permanente, podemos vivir los buenos y los malos momentos, con reconocimiento y aceptación, sin tratar de escapar de los malos, viviendo y agradeciendo los buenos. Es cuando más cerca estaremos de disfrutar de todo aquello a lo que podemos aspirar.

Pasamos la vida persiguiendo el bienestar a través de cosas materiales, de reconocimiento. Necesitamos sentirnos seguros, y emprendemos un viaje en el mundo como luchadores, combatiendo en mil campos de batalla, que requieren nuestro esfuerzo sin desfallecer.

Nos convertimos en guerreros, con el principal objetivo de acumular, ser reconocidos, tener un estatus. Nos comparamos con otros, rivalizamos, envidiamos lo que otros tienen, perseguimos sin descanso algo que apenas nos da tiempo de plantearnos,  si es verdaderamente lo que tenemos que perseguir, pero que es lo que nos marca la sociedad en que vivimos.

Queremos ser los primeros, los mejores en la clasificación.  Lo hacemos de esta manera, para que nadie pueda arrebatarnos la posibilidad que tenemos de sentirnos seguros. pero, ¿eso es la felicidad?

A pesar de todo lo que avanzamos, lo que progresamos, de que somos capaces de mejorar la comodidad y la calidad de nuestras vidas, de nuestros trabajos, de conseguir más cosas que parecían imposibles, al final nos damos cuenta de que nada de esto es garantía de felicidad.

¿Por que cómo seres humanos somos incapaces de alcanzar la felicidad?

La vida es imperfecta. Puede ser algo maravilloso a ratos, o destructivo. Tal vez se trate de que el problema a resolver no está fuera. Tal vez se trate de cambiar la forma de mirar las cosas.

Puede que solo tengamos que darnos cuenta de que somos mucho más grandes de lo que nos parece, sin tener tanto que aparentar y poseer, pues nuestra mejor baza, es lo que ya somos sin armadura alguna. Ya que el mayor reconocimiento al que podemos aspirar es el de ser los mejores ante nuestros ojos.  Aceptarnos sin reservas. Aceptar la imperfección de la vida.

Se trata de saber que ya tenemos la posibilidad de ser más felices, siendo los mejores amigos de nosotros mismos.  Si nos tendemos la mano, sabremos que este pacto será el más fructífero de por vida.

Mirar hacia adentro, no hacia afuera, hacia lo que somos realmente, es hacia lo que debemos orientar nuestro camino, y esto es todo aquello que no se puede medir, ni comparar, ni comprar, ni objetivamente lograr.

Es algo con lo que ya nacemos. Reconocer lo que ya tenemos por derecho propio, lo que somos solo por el hecho de nacer, y  que contamos por todo lo vivido y experimentado en nuestro transcurso de vida, nos hace caer en la cuenta, sin autoexigencias ni exigencias, que somos mucho más ricos de lo que creemos.

Lo que pensamos realmente es lo que guía nuestros pasos. Por eso la gente muy resiliente, se acepta a si misma, agradece lo que la vida le da, sea poco o mucho, no espera nada, no se aferra a lo que tiene, y si lo hace, contempla la posibilidad de que puede cambiar, en cuestión de minutos tan solo, pero que la vida aun así sigue, cuando estamos abiertos a otras muchas posibilidades.

Porque es realmente nuestra visión de las cosas lo que nos da el poder para disfrutar del mundo y salir de las dificultades.

Por desgracia tenemos una forma muy limitada de ver las cosas, y mirando hacia afuera, tratando de que la armadura no se nos caiga, dejamos de saber que, en la desnudez, esta la conquista y el descubrimiento de lo que somos. De lo que somos capaces.

¿Por qué no tratar de descubrir lo que somos y poseemos realmente, en vez de buscar un envoltorio bonito que nos haga lucir más?

Aunque nos parezca increíble a veces, debajo de nuestra apariencia, que podemos considerar hasta nefasta, hay un tesoro escondido. Podemos entonces permitirnos desarmar nuestra armadura.

Conquistando la realidad de lo que ya somos, tendremos la libertad para descubrir la fuerza de nuestra vulnerabilidad, de nuestra riqueza más profunda.

En toda la larga historia de la humanidad, aun somos incapaces de resolver la pobreza, la miseria, la injusticia, … del mundo, tantas cosas que nos recuerdan que, a pesar de todos nuestros avances como especie, de lo listos e inteligentes que seamos, algo sigue fallando.

Tal vez se trate de cambiar de perspectiva y ver el mundo de otra manera. Nuestras mentes están aun por descubrir. Nuestra forma de vernos, y ver el mundo, también.

Vivir hacia adentro, mirarse de una forma diferente, seguramente es la solución a todos nuestros males, y conseguiríamos ser más plenos y felices. Es un reto, pero es un camino verde e iluminado.

Si pudiéramos hacer una verdadera revolución en este sentido, sin duda el mundo seria mejor. Además, muchas de nuestras preocupaciones, inquietudes, desvelos y angustias desaparecerían.

“Cuando miras hacia fuera, sueñas, cuando miras hacia adentro, despiertas”. K. Jung.

Con mindfulness conseguimos mirar hacia adentro. Es una práctica que nos permitirá conquistar lo que realmente puede hacer cambiar las cosas, observando desde otro punto de vista. Una observación de lo que ya somos, no de lo que poseemos.

Cuando nos pasan cosas terribles, y la tierra tiembla bajo nuestros pies, es cuando realmente somos conscientes de lo que verdaderamente importa. El tiempo que vivimos es tan corto, que podemos intentar no despistarnos con lo que no merece la pena, porque sabiendo de lo que somos capaces, nunca nos sentiremos desvalidos, solos o impotentes. La vida tendrá más sentido aun en situaciones difíciles.