DIFERENCIA ENTRE LA FATIGA Y EL BURNOUT

La fatiga se produce como consecuencia de las demandas del trabajo durante un tiempo determinado. Conlleva una serie de cambios pasajeros en la persona, que puede hacer variar sin duda, su eficacia funcional, intelectual, y provocar unos cambios en el organismo, sobre todo de tipo fisiológico.

La fatiga es pasajera y mientras que la padecemos, nos sentimos cansados, pero con la sensación de llevar el control de la situación, y la satisfacción al menos de saber que estamos siendo efectivos, al margen de los resultados.

El impacto del burnout es mucho más gravoso y alargado en el tiempo, estando involucrados en dicho proceso, aspectos emocionales de más lenta solución.

No nos cuesta recuperarnos de un estado de fatiga, cuando guardamos reposo y durante un tiempo mas o menos prolongado, nos distanciamos de aquello que nos producía la fatiga, y en definitiva nos relajamos.

La fatiga funciona como un elemento regulador del cuerpo. Cuando estamos en estado de fatiga, nuestro cuerpo esta advirtiendo que su capacidad esta siendo amenazada. Aunque el agotamiento sea intenso, incluso cuando podemos llegar al colapso, cuando se trata de fatiga, la solución es el descanso.

La primera fase de alerta, para saber si podemos estar fatigados, y en última instancia poder acabar llegando al burnout, es una disminución de la atención y la concentración.

En el caso de la fatiga, sentimos que el esfuerzo es compensado por una sensación de eficacia, de ser competentes, lo que acaba auto valorándonos de forma positiva, mientras que, en el burnout, se desencadena un sentimiento de ineficacia laboral y una autovaloración negativa.

Maslach, creador del Maslach Burnout Inventory (MBI),  que trata de examinar en qué nivel de burnout se encuentran las personas en el trabajo, definió el síndrome del burnout como

“una respuesta prolongada a estresores crónicos a nivel personal y relacional en el trabajo, determinado a partir de las dimensiones conocidas como agotamiento, cinismo e ineficacia profesional”.

Sabemos que el burnout afecta a tres niveles:

-el personal, haciendo que tengamos el sentimiento de que no somos válidos, que no estamos a la altura de las circunstancias. Incluye un autoconcepto muy bajo, y que estemos agotados a nivel emocional. Una autovaloración negativa, una sensación de sentirse atrapado y falta de entusiasmo.

– el social, que se observa como una actitud distante ante el trabajo y los compañeros, con componentes de abierto cinismo. También escasa sensibilidad a los sentimientos ajenos.

– el profesional, que es la impresión de que no estamos realizando adecuadamente nuestras actividades, y nos sentimos insatisfechos e ineficaces.

Cuando se llega a un estado de burnout, y este se mantiene en el tiempo, la irritabilidad, la ansiedad, y los síntomas de depresión están presentes de forma continua.

En el burnout hay un agotamiento físico y emocional, y conllevan una actitud fría y distante con los demás y un sentimiento de inadecuación a las tareas que se tienen que hacer, habiendo una perdida progresiva de la energía y vitalidad.

Otros síntomas asociados al Burnout son:

  1. Emocionales: Ira, odio e irritabilidad, tristeza

2.Cogniciones: baja autoestima, sentimiento de impotencia, pérdida de memoria y atención

  1. Actitudinales: Cinismo, despersonalización, apatía, aburrimiento
  2. Comportamentales: Asilamiento, absentismo, adicciones, conductas agresivas hacia los compañeros y

clientes.

5.- Fisiológicos: insomnio, dolores de cabeza, de espalda, fatiga e hipertensión, alteraciones hormonales,

dolores musculares, trastornos digestivos.

El burnout no solo afecta la calidad de vida de las personas, sino que, afectan al ambiente de trabajo y se manifiestan en un detrimento de la comunicación entre personas y una reducción del compromiso, del rendimiento y de la eficacia.

Cuando no somos conscientes de los hechos, y nos quedamos atrapados en la espiral, podemos pasar de un estado de fatiga a otro de burnout, y sin habernos dado cuenta, haber caído en un estrés crónico, que no solo repercute decisivamente en nuestra salud física y mental, sino que requiere soluciones más complejas, con un coste mucho mayor a nivel individual, social y laboral.